CERPE se une al Año Ignaciano

23-05-2021

Desde el 20 de mayo del 2021 al 31 de julio de 2022, CERPE asume el Año Ignaciano de la Compañía d Jesús como una oportunidad para renovarse y "ver todas las cosas nuevas en Cristo".

Son 500 años de la herida de San Ignacio por una bala de cañón en Pamplona y de su conversión.

Este será un espacio para intercambiar y compartir lo que desde CERPE se vaya haciendo en conjunto con otras obras ignacianas para renovar nuestro apostolado educativo.

Compartimos el texto del P. Johnny Veramendi SJ, con motivo del inicio de este año:

“Ver nuevas todas las cosas en Cristo”

¡Feliz día para todos los Ignacianos, Ignacianas y los jesuitas!

Convalecencia Activa. Un modo de proceder, guiado por la conversión de Iñigo de Loyola, para sacar provecho de esta cuarentena.

El fundador tuvo una experiencia fundante, solo y a pie cual peregrino, se dispuso a caminar desde su lecho de hombre herido. Todo comenzó en medio de un confinamiento forzado por las circunstancias personales y propias del siglo XVI. De él podemos obtener grandes aprendizajes de vida en medio de esta pandemia por COVID-19 que vamos transitando desde hace más de un año...

1. Ignacio herido y convaleciente

Su historia, precedida de aventuras militares y caballerescas tiene un punto de inflexión: en 1521, con 30 años de edad, en medio de una refriega defendiendo el castillo de Pamplona, es herido en sus piernas por bala de cañón.., se somete a fuertes y dolorosas intervenciones quirúrgicas, verdaderas ‘carnicerías’ para la época, para no perder la vida o sus piernas o en el mejor de los casos, la movilidad; como buen vasco, asume su momento en silencio, con coraje y determinación.., cuando le vienen naturales momentos de ‘achicopalamiento’, mantiene la calma sin tomar decisiones que le hagan cambiar de parecer, se mantiene firme y avanza en sus propósitos.

En el proceso de aburrida recuperación, que duró unos 6 meses, tenía dos opciones:
Lamentarse mientras se recreaba en recuerdos de un pasado lleno de gloriosas y efímeras vanidades o aprovechar ese tiempo en presente de manera fecunda y creativa.., en medio del tedio cayeron en sus manos historias como La Vida de Cristo, así como las de hombres buenos como santo Domingo de Guzmán y el ‘poverello’ san Francisco de Asís. Dios lo fue conduciendo como a un niño, a través de ellas y lo que iba sintiendo.., vivencias que iba registrando por escrito en su diario espiritual.

Mientras leía, notaba movimientos en su corazón que iba gustando y sintiendo internamente.., algunos le entristecían o le sacudían, otros le consolaban profundamente.., estados de ánimo que, calibrándolos en discernimiento, le llevaron a generarle profunda alegría y grandes deseos.., entró en una búsqueda de más a mejor...

“si ellos lo hicieron, ¿por qué no yo?”., se preguntaba, desafiándose a sí mismo...

Conversión con frutos

Llegado el momento, se recuperó satisfactoriamente y su vida cambió; rompió con su pasado y se abrió al futuro; no se aisló ni se quedó con su sola vivencia mística/psico-espiritual; animó y contagió a otros hasta llegar a constituir una sociedad de amigos fundamentados en el Dios revelado por Jesucristo pobre, humillado y resucitado.

Porque a fin de cuentas, ¿de qué vale ganar el mundo entero si uno pierde su autenticidad más radical como persona? (cfr, Mt 16, 26; Mc 8, 36)

Así nació oficialmente la Compañía de Jesús (1540). Aunque ellos se habían encontrado desde hacía unos 10 años antes, los seis primeros compañeros - entre los que destaca Francisco Javier - se propusieron trabajar en pos de grandes metas como si dependieran totalmente de ellos, pero a sabiendas que dependían absolutamente de Dios.

Pusieron todos los medios posibles para alcanzar el fin: la mayor gloria de Dios y la salvación de las personas. Se formaron con excelencia y honestidad intelectual, se abrieron mental, espiritual, afectiva y físicamente a un mundo que estaba en constante mutación que hacía ruptura con la Edad Media y se abría a la modernidad...

¿tuvieron cruces, dificultades y tentaciones? Sí, y muchas...

2. También estamos heridos y necesitados de conversión

Ahora, en pleno siglo XXI, en medio de tantos avances y a la vez tantos retrocesos, injusticias e inequidades, guerras y violencia, diezmados por una pandemia por COVID-19 sin precedentes en un mundo globalizado.., donde todos sin distinción alguna nos encontramos confinados, aburridos, en ascuas y con tantas interrogantes, ¿cuál sería el metamensaje de esa experiencia de conversión vivida por Iñigo y que se inició en convalecencia en una solitaria habitación?

“Recobrar las fuerzas perdidas por enfermedad. Dicho de una persona o colectividad: Salir de postración o peligro en que se encuentran”.
(voz “convalecer”, Diccionario de la RAE)

¿si nos tomamos este tiempo como de convalecencia en vez de cuarentena personal-social? ¿podemos transformarlo en momento propicio para el recobrar las fuerzas agotadas con tantas vicisitudes? ¿como una posibilidad histórica, personal, social y colectiva para salir de la postración? ¿será una oportunidad de conversión para nosotros y para mi?

Iñigo López de Loyola, “el hijo de la tenacidad paciente”, como diría de él Miguel de Unamuno siglos después, generó un movimiento real que inspiró a muchos en el mundo entero, no solo a los jesuitas.., cuántas personas, jóvenes, hombres y mujeres, sencillos, formados académicamente, inspirados/convertidos por los Ejercicios Espirituales y encarnándose en medio de los crucificados de este mundo, han sido capaces de contribuir en la creación de un mundo más humano a partir de su propia y personal transformación/conversión.

.., si él y ellos lo hicieron ¿por qué nosotros/yo no?

Ciertamente estamos heridos, agotados, postrados, temerosos y tentados ante la incertidumbre que generan tanto la pandemia como esta terrible situación económica, social y política que nos agobia.., y es opción libre de captar el punto de inflexión en este momento.., depende de cada uno el lamentarse o el sacarle provecho para darle un sentido cargado de densidad humana.

3. Contemplativos en la acción convaleciente que nos ofrece esta cuarentena

Este puede ser un tiempo privilegiado - y lo está siendo para no pocos - para contemplar nuestra propia fragilidad/vulnerabilidad y a su vez, a un mundo que va más allá de nuestras narices y egos encerrados: un mundo compuesto por gente que ríe y llora, blancos y negros, sanos y enfermos, pocos ricos muy ricos y muchos pobres cada vez más pobres, débiles y poderosos, corruptos y honestos.., hasta la Creación está siendo devastada por intereses mezquinos, ideológicos y financieros...

Este es nuestro lugar, y no otro, donde Dios dijo “Hagamos redención del género humano” y sin dudar envió a su único Hijo para que, asumiéndolo diligentemente, al encarnarse en él, mostrarnos el camino a seguir...

Momento privilegiado para discernir y actuar solidariamente con la memoria, el entendimiento, la voluntad y los afectos.., para así En Todo Amar y Servir.

Que este tiempo de Convalecencia Activa, en conversión, nos vaya siendo propicio y que esta pandemia no nos paralice ni deje postrados.

“Toma Señor y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Tú me lo diste, a ti Señor lo devuelvo. Todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que eso me basta”.

Iñigo de Loyola se atrevió a peregrinar y trascender su momento y su tiempo.

EN TODO AMAR Y SERVIR

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