Colegio Loyola - Gumilla 2018

06-07-2018

El Colegio Loyola-Gumilla - 2018

Por: Alejandro Gamboa Díaz

Un jueves 30 de septiembre de 1965 a las ocho de la mañana un autobús escolar (donado por el Colegio San Ignacio de Caracas) entra conducido por uno de los fundadores, el incansable Hermano José María Armentia y con una treintena de muchachos (a los cuales se les pedía que ocuparan las ventanas para que pareciera que el Colegio tenía muchos alumnos) se inician las actividades formales: nace el Colegio Loyola-Gumilla.

Inicialmente fue conocido como Colegio de los Padres Jesuitas, luego como Colegio Loyola y desde 1968 al unirse los alumnos del Instituto Gumilla (fundado por el Padre Palacios de Borao) obtiene su denominación actual: Colegio Loyola-Gumilla.

Aun con sus más de 50 años, el Colegio Loyola Gumilla es el colegio “más joven” fundado por la Compañía de Jesús en Venezuela. Si se compara con los primeros colegios jesuitas del mundo hace cuatro siglos y medio: Gandía, fundado por San Francisco de Borja en 1545, Goa (en la India), Mesina y Palermo en esa misma década, o se compara con otros colegios jesuitas en América como los que actualmente siguen funcionado: El Colegio Mayor de San Bartolomé fundado en 1604 en Bogotá, el Colegio San Ignacio Concepción fundado en 1612 en Santiago de Chile, el Colegio Belén fundado en 1854 en la Habana (y trasladado en 1961 a Miami) o el Colegio San Gabriel fundado en 1862 en Quito sigue siendo con poco más de medio siglo un colegio joven.

En Venezuela, la Compañía de Jesús funda su primer colegio en 1628: el Colegio San José de Mérida y luego de la expulsión en 1767 y el retorno en 1916, actualmente funcionan cuatro colegios: El San Ignacio de Caracas fundado en 1923, el Gonzaga en Maracaibo fundado en 1945, el Jesús Obrero en el oeste de Caracas en 1948 y el Loyola-Gumilla fundado en 1965 en Ciudad Guayana.

La presencia jesuita en Guayana se remonta a 1664 y entre tantos aportes como los realizados por los padres Román, Gilij o Rotella destaca el padre José Gumilla al sembrar la primera planta de café en Venezuela en 1732 y mas aún al dar a conocer al majestuoso río Orinoco y a las tierras guayanesas a través de su libro “El Orinoco Ilustrado” en 1741.

La Historia del Colegio Loyola-Gumilla tiene un antecedente importante con la fundación en 1959 del Instituto Gumilla por iniciativa del Padre Palacios de Borao. El 15 de diciembre de 1964 se firma el contrato para el terreno y construcción del Colegio, el 30 de septiembre de 1965 se inician clases en una primera sede provisional en lo que hoy sería el helipuerto del Hotel Venetur Intercontinental, el 14 de febrero de 1966 el Ministerio de Educación otorga el permiso P-170, se muda a su segunda sede en la Urbanización Chilemex y en 1968 a su actual sede con arquitectura de vanguardia para su época (diseñada por el arquitecto Bernardo Borges Winckelman), más de 30.000 m2 de construcción en un área en el “corazón de Ciudad Guayana” de 200.000 m2.

Es justo agradecer al primer Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, el General Rafael Alfonzo Ravard, antiguo alumno ignaciano, en su afán de construir colegios católicos de calidad para la naciente ciudad.

En el momento de la fundación el Presidente de la República era precisamente un guayanés: el Dr. Raúl Leoni; el Ministro de Educación Don J.M Siso Martínez, el Papa San Juan XXIII, el prepósito General de la Compañía de Jesús el Padre Arrupe, el viceprovincial de Venezuela el Padre Iriarte, el rector del Colegio San Ignacio el Padre Francés (segundo rector del Loyola-Gumilla) y el primer Rector del Colegio el padre José Luis Andueza.

En 1968 al incorporarse las alumnas del Gumilla se convierte en el primer Colegio mixto de la Compañía de Jesús en bachillerato y desde 1980 con niñas desde el kínder. Entre 1968 y 1971 el Colegio tuvo alumnos internos y entre 1970 y 1978 funcionó el turno nocturno. La mayor cantidad de alumnos en estudio se alcanzó en 1989 con un total de 1.727 alumnos.

El Colegio Loyola-Gumilla ha tenido nueve rectores: los padres Andueza (1965-1974), Francés (1974-1979), Odriozola (1979-1983), Lahuerta (1983-1986), Izaguirre (1986-1992), Martínez (1992-1997), Mora (1997-2008), la primera rectora laica la Profesora Aída Astudillo Mujica (2008-2017) y desde octubre 2017 nuestro noveno Rector el Padre Luis Ovando Hernández.

Ha tenido diez directores: los jesuitas Armentia (1965-1967), Andueza (1967-1974), Ollaquindia (1974-1979), Lahuerta (1979-1983), López Chávarri (1983-1993) y las profesoras laicas Nagy (1993-1995), Lanz (1995-2005), Astudillo (2005-2008), Hammerlock (2008-2014) y desde el 2014 la profesora Zoraida León de Cisneros.

El Colegio Loyola-Gumilla sigue la filosofía de educación ignaciana que desde 1599 se estableció con la Ratio Studiorum que con su “Virtud y Letras” identifican a los colegios jesuitas, consignas estas, reiteradas por El Libertador Simón Bolívar con su “Moral y Luces” hace dos siglos.

El espíritu Loyola-Gumilla vibra por el aporte de su gente: alumnos, docentes, equipo de trabajo y representantes comprometidos con la educación de sus hijos. Sin duda lo más importante, el valor más grande del Colegio es: su gente.

Actualmente el Colegio Loyola-Gumilla tiene más de 1.400 alumnos, un equipo de trabajo de más de 130 personas, ha formado a más de 5.000 egresados que “entramos para aprender y salimos para servir” muchos de los cuales desde diferentes partes del orbe, o de Venezuela o desde la misma Ciudad Guayana fomentamos con alegría e ilusión, el pensamiento de San Ignacio de Loyola hace más de 475 años “en todo amar y servir” y la frase que hace más de 280 años pronunció el padre Gumilla al sembrar la primera planta de café en estas tierras y ha sido nuestro eslogan: “lo sembré y creció”.

Este 31 de julio de 2018 se cumplen 50 años de haberse celebrado la primera Eucaristía en nuestra capilla del Colegio Loyola-Gumilla, 50 años en nuestra sede actual, nuestra Promoción de Bachilleres 50 también … es curioso que los terrenos donde funciona nuestro Colegio y desde hace más de 20 años la Universidad Católica Andrés Bello de Guayana eran una hacienda familiar llamada “La Esperanza” … así que con esperanza, fe e ilusión seguimos trabajando por una formación y educación de calidad y calidez: entramos para aprender y salimos para servir.

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